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AerotermiaPor el equipo de Maclima Soluciones Energéticas

Cambiar una caldera de gasoil por aerotermia: proceso compatibilidad y decisiones

Qué hay que resolver al cambiar una caldera de gasoil por aerotermia: el depósito, los emisores, el espacio, la potencia eléctrica y el respaldo.

Sección de una vivienda unifamiliar partida en dos mitades: a la izquierda, una caldera mural en el sótano con chimenea y tuberías naranjas hacia los radiadores; a la derecha, una unidad exterior de aerotermia junto a la fachada, un acumulador y un colector en el mismo sótano y tuberías azules y rosas hacia radiadores y suelo radiante

Cambiar una caldera de gasoil por aerotermia no es sustituir una máquina por otra. Son cinco decisiones encadenadas, y solo una de ellas es la bomba de calor: qué se hace con el depósito, qué pasa con los emisores y el circuito, dónde va cada equipo, si la instalación eléctrica aguanta y si conviene conservar algún respaldo.

De esas cinco, la que más retrasa proyectos no es la térmica: es la eléctrica. Y la que más sorprende en el presupuesto es la primera, porque el depósito de gasoil tiene su propio procedimiento reglamentario y no se resuelve vaciándolo y cerrando la llave.

Este artículo recorre el proceso completo y las decisiones de cada paso. La compatibilidad de los radiadores estancia por estancia —el cálculo de emisión a menor temperatura— está desarrollada aparte en aerotermia con radiadores: cuándo funciona y qué revisar, y aquí solo se toca en lo que cambia respecto a una caldera de gasoil.

El depósito de gasoil: la parte del cambio que no es climatización

Un depósito que deja de usarse no se queda simplemente vacío. El procedimiento está en la ITC MI-IP 06, aprobada por el Real Decreto 1416/2006, cuyo artículo 1 fija el ámbito con una excepción que decide casi todos los casos domésticos: regula las actuaciones sobre los tanques «que están en desuso y vayan a ser puestos fuera de servicio y que durante su vida útil hayan estado destinados al almacenamiento de productos petrolíferos líquidos (PPL), con la excepción de los que hayan contenido productos de las clases C o D y su capacidad no supere los 1.000 litros».

El gasoil es un producto de clase C. Lo define el artículo 3 del Reglamento de Instalaciones Petrolíferas, aprobado por el Real Decreto 2085/1994: «Clase C. Hidrocarburos cuyo punto de inflamación esté comprendido entre 55 ºC y 100 ºC, tales como el gasoil, fuel-oil, diésel-oil, etc.»

Así que la línea está en los 1.000 litros:

  • Depósito de 1.000 litros o menos: queda fuera del ámbito de la MI-IP 06. No hay procedimiento reglamentario de anulación que cumplir, lo que no significa que pueda quedarse con restos de producto dentro.
  • Depósito de más de 1.000 litros, enterrado o aéreo: hay que someterlo a lo que la norma llama «anulación del tanque».

Qué es anular un tanque

El artículo 2 remite al anexo I y añade algo que suele olvidarse: «Con las tuberías que han dado servicio al tanque deberá seguirse, en la medida que sea compatible con sus características, un procedimiento similar al expuesto para los tanques.»

Tras el vaciado, la desgasificación y la limpieza, el anexo I plantea dos salidas. Si el tanque se queda donde está, «se rellenará de material inerte que deberá cubrir la totalidad del volumen interior». Si se extrae, «se procederá con toda cautela». Rellenar suele ser más barato que extraer; extraer es lo que permite recuperar el terreno y comprobar si hubo fugas.

Quién puede hacerlo y qué papeles quedan

No es un trabajo de la empresa de climatización. El artículo 3 lo reserva a empresas reparadoras, y la que ejecute el trabajo «extenderá un certificado, en el que se refleje que se ha seguido lo estipulado en el anexo I de esta ITC MI-IP 06 y que los residuos sólidos, líquidos y gaseosos se han gestionado de acuerdo con» la legislación de residuos. El texto consolidado todavía cita la Ley 10/1998; la norma vigente hoy es la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular.

Y el trámite no termina en la factura. El artículo 4 obliga al titular a presentar ante el órgano competente de su comunidad autónoma la documentación de las operaciones, el certificado de la empresa reparadora y el documento de control y seguimiento de residuos peligrosos.

Conviene además recuperar la documentación que la instalación de gasoil tuviera. La ITC MI-IP 03, aprobada por el Real Decreto 1427/1997, exige en su capítulo VIII proyecto técnico para clases C y D por encima de 3.000 litros en interior o 5.000 en exterior, memoria resumida y croquis entre 1.000 litros y esos límites, y deja el resto «excluidas del trámite de presentación de documentación». Saber en cuál de los tres casos estaba la vivienda indica qué expediente hay que cerrar.

Los emisores: el problema no es solo la temperatura, es el caudal

Aquí está la diferencia real entre venir de una caldera de gasoil y venir de cualquier otra cosa. La Guía IDAE 025 sobre la bomba de calor en la rehabilitación energética de edificios, redactada por AFEC para el IDAE en 2023, lo resume así en su caso tipo del apartado 4.5, que remite al capítulo 2.2.2: «con caldera de gasóleo, los emisores, tuberías y resto de equipamiento suelen estar dimensionados en origen para trabajar con un salto térmico de entre 15 K y 20 K y temperaturas de entrada de agua a los radiadores entre los 60 °C y 80 °C, mientras que las bombas de calor suelen utilizar diferenciales de temperatura de 10 K como máximo y de 5 K como habitual, y temperaturas de trabajo entre 35 °C y 60 °C, generalmente, lo que implica un caudal del doble o incluso de cuádruple sobre el inicial, para una misma potencia térmica».

La tabla 4-8 de esa misma guía lo cuantifica sobre una vivienda unifamiliar de 7 kW con radiadores de aluminio de 1200 × 500 mm:

Generador Impulsión / retorno Salto térmico Caudal Potencia por elemento Elementos necesarios
Ensayo de homologación 75 / 55 °C 20 K 302 l/h 100 W 70
Caldera de gasóleo actual 60 / 40 °C 20 K 302 l/h 53 W 132
Bomba de calor 55 / 45 °C 10 K 603 l/h 53 W 132

Las dos últimas filas dicen lo importante: la bomba de calor y la caldera entregan lo mismo por elemento y necesitan los mismos radiadores, pero la bomba de calor mueve el doble de agua. El cuello de botella al venir de gasoil no suele ser el radiador, sino el diámetro de las tuberías, la presión disponible de la bomba circuladora y el equilibrado del circuito.

Hay un segundo detalle del mismo caso: si los radiadores llevan válvulas termostáticas, la guía concluye que «será necesaria la instalación de un depósito de inercia», porque el cierre de los emisores deja a la bomba de calor sin caudal mínimo.

El espacio: lo que se libera y lo que hay que ocupar

Un cambio de gasoil a aerotermia es, en metros, un intercambio. Lo que se libera es el cuarto de calderas, el depósito y la chimenea. Lo que aparece es una unidad exterior, una unidad interior y, casi siempre, acumulación de agua caliente sanitaria que antes no existía.

Esta última es la que más se subestima. Las calderas mixtas de gasoil producen el ACS de forma instantánea, y el caso tipo de la guía del IDAE parte precisamente de una. Al pasar a bomba de calor hay que acumular, y acumular tiene pérdidas: en ese mismo ejemplo la demanda de ACS de la vivienda pasa de 2.791 kWh/año de referencia a 3.253 kWh/año una vez incluidas las pérdidas por conducción y acumulación, sobre una estimación de 28 litros por persona y día a 60 °C según el criterio del DB HE4 del Código Técnico. Son unos 460 kWh/año que no estaban en la factura anterior y que la bomba de calor sí tiene que cubrir.

El cuarto de calderas que se vacía suele ser el mejor sitio para ese acumulador y para el depósito de inercia, así que conviene no darlo por recuperado hasta tener el esquema de principio. Y la chimenea no se deja abierta: el propio caso de la guía incluye entre las obras los «remates para eliminar la salida de chimenea» al retirar la caldera.

Para la unidad exterior mandan tres criterios —ruido hacia los vecinos, aire que entra y sale, y acceso para mantenimiento— que están desarrollados en la guía de aerotermia en la Sierra de Madrid, donde además pesa la nieve.

La potencia eléctrica: el punto que más proyectos retrasa

Al quitar el gasoil, toda la demanda térmica pasa a ser eléctrica. La Guía IDAE 025 dedica a esto su apartado 3.5.6 y es explícita para el caso que nos ocupa: en viviendas que «previamente dispusieran de equipos por combustión, la potencia contratada deberá revisarse y en su caso aumentarse si fuera necesario».

El trámite tiene un requisito previo que no depende de la comercializadora: «Para proceder a solicitar un aumento de potencia a la compañía eléctrica, es necesario que el solicitante disponga del certificado de la instalación eléctrica emitido por la empresa instaladora.» Si ha habido que adaptar la instalación, hace falta el certificado nuevo; si no, puede valer el que en su día emitió quien la ejecutó. En viviendas antiguas con calefacción de gasoil no siempre se conserva alguno de los dos, y localizarlo o rehacerlo lleva su tiempo.

Y hay un umbral reglamentario que conviene mirar antes de contratar nada. La ITC-BT-10 del Reglamento electrotécnico para baja tensión define en su apartado 2.1.2 la electrificación elevada como la de las viviendas «con previsión de utilización de sistemas de calefacción eléctrica o de acondicionamiento de aire», entre otros casos, y en el 2.2 fija la consecuencia: la potencia a prever no será inferior a 5.750 W a 230 V con carácter general y no inferior a 9.200 W en viviendas con grado de electrificación elevada. La ITC-BT-25 añade en su apartado 2.3.2 los circuitos independientes que eso implica, entre ellos el C8 de calefacción y el C9 de aire acondicionado.

No es lo mismo que la potencia a contratar, que depende del uso. Pero sí marca lo que la instalación interior debe poder soportar, y es la razón por la que este punto conviene resolverlo al principio del proyecto y no cuando ya está la máquina comprada.

El respaldo: resistencia, caldera existente o nada

La tercera decisión de diseño es qué ocurre los días más fríos. La Guía IDAE 025 distingue entre funcionamiento monovalente y bivalente, y dentro del bivalente:

  • Bivalente paralelo: «ambos generadores, bomba(s) de calor y el generador auxiliar, trabajan simultáneamente cuando el sistema de control lo requiere». Cuando el auxiliar es una resistencia eléctrica, se conoce como monoenergético.
  • Bivalente alternativo: «la bomba(s) de calor funciona hasta una temperatura exterior concreta por debajo de la cual trabajar el generador auxiliar».

Conservar la caldera de gasoil como generador de apoyo es una opción técnica legítima, no una chapuza, y puede evitar sobredimensionar el equipo o tirar de resistencia en las pocas horas más frías del año. Pero tiene un coste que rara vez se pone sobre la mesa: si la caldera se queda, el depósito se queda, y con él sus obligaciones.

La MI-IP 03 somete las instalaciones de gasoil a revisiones periódicas en su capítulo X: su apartado 38.1 fija cada diez años las de las instalaciones que no requieren proyecto y cada cinco las de las que sí, y el 38.2 añade para las enterradas una prueba de estanquidad cada cinco años, que puede hacerse con producto en el tanque, o cada diez años «en tanque vacío, limpio y desgasificado»; quedan exentos de esa prueba los tanques de doble pared con detección automática de fugas y los alojados en cubeto estanco con tubo buzo. Mantener el respaldo significa mantener ese calendario, el suministro y el mantenimiento de un equipo que se usará pocas horas al año.

La alternativa —resistencia eléctrica de apoyo— es más simple y más barata de instalar, pero consume electricidad con rendimiento uno justo en las horas de mayor demanda. La decisión depende de la temperatura bivalente del equipo elegido frente a la temperatura de proyecto del emplazamiento, y eso se calcula; no se intuye. El método está en cómo calcular la potencia de aerotermia de una vivienda.

Los papeles de la instalación nueva

Sustituir el generador es una reforma a efectos del RITE por partida doble: su artículo 2.3 considera reforma tanto «la sustitución de un generador de calor o frío por otro de diferentes características» como «el cambio del tipo de energía utilizada o la incorporación de energías renovables». Eso activa tres obligaciones.

Documentación técnica previa. El artículo 15.1 pide proyecto por encima de 70 kW y permite sustituirlo por memoria técnica entre 5 y 70 kW, que es el rango de prácticamente cualquier vivienda. Además, el artículo 15.5 añade un requisito propio de este cambio: cuando la reforma implica cambio de tipo de energía, la memoria o el proyecto deben justificar «la adaptación de los equipos generadores de calor o frío y sus nuevos rendimientos energéticos así como, en su caso, las medidas de seguridad complementarias que la nueva fuente de energía demande para el local donde se ubique».

Certificado de la instalación. El artículo 23 lo exige una vez hechas las pruebas de puesta en servicio de la IT 2, firmado por el instalador habilitado, con los resultados de esas pruebas y la «declaración expresa de que la instalación ha sido ejecutada de acuerdo con el proyecto o memoria técnica».

Registro antes de la puesta en servicio. El artículo 24 condiciona la puesta en servicio al registro del certificado en el órgano competente de la comunidad autónoma, presentando la memoria o proyecto de lo realmente ejecutado y el certificado.

Si además vas a solicitar ayudas o aplicar deducciones, estos documentos son la base del expediente. Qué sigue vigente y qué no está en ayudas para aerotermia en Madrid.

Qué debe revisar un profesional antes de proponer el cambio

Una propuesta seria para sustituir una caldera de gasoil debería traer resuelto, antes de nombrar ninguna máquina:

  • La capacidad y la ubicación del depósito, enterrado o aéreo, y en qué lado de los 1.000 litros de la MI-IP 06 queda, con el coste de anulación o extracción presupuestado aparte.
  • La carga térmica estancia por estancia con la temperatura exterior de proyecto del emplazamiento, no la potencia de la caldera antigua, que casi siempre estaba sobredimensionada.
  • La emisión real de cada radiador a la temperatura de impulsión propuesta, con la ficha del fabricante y no con la longitud del emisor.
  • El caudal nuevo frente al existente, con comprobación del diámetro de tuberías, la presión disponible de la circuladora y la necesidad de depósito de inercia si hay válvulas termostáticas.
  • La demanda de ACS recalculada con acumulación, incluidas las pérdidas del acumulador, y el volumen y el sitio donde va a ir.
  • La previsión de cargas eléctricas y el estado del cuadro, con la potencia a prever según la ITC-BT-10 y quién emite el certificado de la instalación eléctrica.
  • La estrategia de respaldo: temperatura bivalente del equipo, qué cubre el frío extremo y, si se conserva la caldera, quién mantiene a partir de ahora la instalación de gasoil.
  • El destino del cuarto de calderas y la chimenea, con los remates incluidos en el presupuesto.
  • La documentación RITE que se va a entregar y el registro previsto ante la comunidad autónoma.

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En Maclima planteamos estas sustituciones empezando por la vivienda y por el circuito que ya existe, no por el catálogo: medimos la demanda real, comprobamos qué temperatura de impulsión admite la instalación actual, revisamos el cuadro eléctrico y ponemos el coste de anular el depósito donde tiene que estar, dentro del presupuesto y no como sorpresa posterior.

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Conclusión

Cambiar una caldera de gasoil por aerotermia es viable en la mayoría de viviendas, y además es una de las sustituciones donde la bomba de calor parte con ventaja: los emisores suelen poder aprovecharse y el espacio que se libera es real.

Lo que decide si sale bien son tres cosas que no están en la ficha del equipo. El depósito, que tiene procedimiento, empresa habilitada y trámite propios. El caudal, que se duplica aunque los radiadores no cambien. Y la instalación eléctrica, que es donde este proyecto se para si no se mira al principio.

Ninguna de las tres encarece mucho el cambio si se resuelve en la fase de estudio. Las tres se vuelven caras cuando aparecen con la obra empezada.

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